En un punto de vista
personal la estructura de una webquest es una versión detallada y mucho más
amplia que una miniquest que consiste en una Introducción, Tarea: en las que
existen tareas y subtareas, el Proceso en el explican los recursos y la
Evaluación para poder llegar a generar una conclusión y un aprendizaje
significativoson, o bien es una herramienta de generación de cartas
descriptivas, cuya finalidad es orientar la actividad académica de desempeño en
el aprendiz dándole la descripción detallada del desarrollo de la actividad brindando
la rúbrica de los productos esperados para que el participante valores su
productividad; pero sin ofrecer una valoración del tutor o de la misma
herramienta tecnológica, todo esto me hace entrar en una encrucijada que
termina en una perspectiva ambigua, por una parte considero que no se alcanzan
los objetivos planeados de la evaluación, dada la nula vigía del docente,
atendiendo además de que en la mayoría de los casos el alumno perderá el
interés o el fijo cuidado de realizar la actividad en forma cuidadosa, tal vez,
el alumno anticipe los resultados debido a que cuenta con ellos y solo mal obre
un remedo de producto, aunque ésto, por supuesto, no es por igual en todos los
casos, puede ser que la mini o web Quest tenga una presentación y en general una
estructura tan bien diseñada que en realidad genere interés y despierte el
espíritu trabajador en el alumno.
Entre los beneficios más
claros que los medios de comunicación aportan
a la sociedad se encuentra el acceso a la cultura y
la educación, los avances tecnológicos y los beneficios que comporta la era de
la comunicación en que vivimos arrojan un balance y unas previsiones
extraordinariamente positivas. Sin embargo, algunos expertos han incidido en
que debe existir una relación entre la información que se suministra y la
capacidad de asimilación de la misma por parte de las personas. Por ello, es
conveniente una adecuada educación en el uso de estos poderosos medios.
El saber cambia el mundo, y
nuestro mundo está cambiando con la prontitud de los saberes
nuevos. Por eso apenas
atinamos a decir que nuestra época es distinta Por ello la educación debe
replantear sus objetivos,
sus metas, sus pedagogías y sus didácticas si quiere cumplir con su misión en
el siglo, brindar satisfactores a las necesidades del hombre,
como dice Bill
Gates en lo que trae el futuro" Las mismas fuerzas tecnológicas
que harán tan necesario el aprendizaje,
lo harán agradable y practico. Las corporaciones se están reinventando en torno de
las oportunidades abiertas por la tecnología de la información, las escuelas
también tendrán que hacerlo".
La virtualidad del saber no
supone un saber-menos, o un saber-peor. Tampoco supone un saber-de-segundogrado
o de segunda categoría. Antes bien, corresponde a una transformación de los
procesos mediante los que se aprende, constata (anota) y explica el mundo,
procesos que están en sintonía y dependencia con nivel de desarrollo de los
medios tecnológicos del actual momento histórico.
Por ello, cada vez es
preciso diseñar nuevos escenarios y acciones educativas, es decir, proponer
una política educativa
específica para el entorno cibernético. Aunque el derecho a la educación
universal sólo se ha logrado plenamente en algunos países, motivo por el cual
hay que seguir desarrollando acciones de alfabetización y educación en el
entorno real. Este exige diseñar nuevas acciones educativas.
Debemos proponernos
capacitar a las personas para que puedan actuar competentemente en los diversos
escenarios de este entorno. Por ello, además de aplicar las nuevas tecnologías
a la educación, hay que diseñar ante todo nuevos escenarios educativos donde
los estudiantes puedan aprender a moverse e intervenir en el nuevo espacio
telemático.
Las redes educativas
virtuales son las nuevas unidades básicas de dicho sistema educativo,
que incluye el diseño y
la construcción de nuevos escenarios educativos, la elaboración de instrumentos
educativos electrónicos y la formación de educadores especializados en la
enseñanza en el nuevo espacio social.
Las interrelaciones
educativas en los entornos reales o naturales suelen ser presénciales, están
basadas en la vecindad o proximidad entre los actores o interlocutores y requieren
la coincidencia espacial y temporal de quienes intervienen en ellas. En cambio, el espacio
virtual, cuyo mejor exponente actual es la red Internet, no
es presencial, sino representacional, no es proximal, sino distal, no es
sincrónico, sino asincrónico, y no se basa en recintos espaciales con
interior, frontera y
exterior, sino que depende de redes electrónicas cuyos nodos de interacción pueden
estar diseminados en distintos lugares.
En el nuevo milenio, las
redes telemáticas son la expresión más desarrollada del entorno virtual debido
a su carácter multimedia,
muy importante a efectos educativos, y al grado de interactividad. Han surgido nuevas
tecnologías de memorización, archivo y documentación,
y la realidad
virtual abre nuevas posibilidades para el desarrollo de procesos
perceptivos y sensoriales.
A través de las redes
electrónicas es posible teletrabajar, entretenerse, investigar y hacer arte, entre
otras muchas cosas. El entorno virtual es un nuevo espacio social porque
actividades sociales pueden desarrollarse en redes, no sólo en los hogares,
instituciones o empresas. Al apoyar una política
educativa específica para la aulística virtual no se pretende que vaya a
sustituir la que ya se lleva a cabo en la sociedad actual. Las Universidades y
escuelas seguirán existiendo.
Lo que podría ocurrir es que
a los centros académicos se les superpongan redes educativas digitales a través
de las cuales se desarrollarían procesos educativos del entorno virtual,
complementarios a los entornos reales. El derecho a la educación
universal tiene que ampliarse, porque los espacios sociales se han ampliado. Lo
cierto es que el entorno digital emergente exige diseñar nuevas acciones
educativas, complementarias a las ya existentes.
Los cambios ya se vislumbran
y llegarán otros que ni siquiera nos imaginamos. Tenemos que prepararnos para
ese nuevo entorno lleno de oportunidades, pero también de incertidumbres. La
tecnología y las telecomunicaciones en todas sus formas cambiarán la forma de
vivir, de trabajar, de producir, de comunicarnos, de comprar, de vender. Todo
el entorno será bien distinto. El gran imperativo será él prepararnos y
aprender a vivir en ese nuevo entorno. Ante toda esta dinámica,
el sistema
educativo tiene un reto muy importante. Debe cuestionarse a sí mismo,
repensar sus principios y
objetivos, reinventar sus metodologías docentes y
sus sistemas organizacionales.
Tiene que replantear el concepto de
la relación alumno - profesor y
el proceso mismo
del aprendizaje, los contenidos curriculares, además, revisar críticamente
los modelos mentales
que han inspirado el desarrollo de los sistemas educativos.
Por lo anterior, la
necesidad de repetir una y otra vez, hasta la saciedad, algunas de las ideas innovadoras sobre las que se
ha logrado un cierto consenso a lo largo de los años, aunque con muy escasos
resultados aún en el sistema educativo, desde la educación infantil hasta la
educación universitaria.
Así, por ejemplo: la
autonomía de los centros educativos, la calidad en
la enseñanza de todos los aspectos, la interdisciplinariedad especialmente
en la educación avanzada, la utilización plena y apropiada de las nuevas
tecnologías en el aprendizaje, la formación profesional después de cada uno de
los niveles educativos como complemento de una sólida educación general que
forme para la vida, o la educación para "aprender a ser, a hacer, a vivir
y a convivir", son todas ellas parte de ese largo etcétera de numerosos
intentos renovadores, cargados de frecuentes frustraciones para cuantos nos
hemos dedicado a estos menesteres en nuestra vida profesional, en particular
durante las últimas tres décadas.
De ahí esa cada vez más
extendida inquietud en busca de un nuevo paradigma educativo
en vísperas del siglo. Ese profundo replanteamiento no puede ser acometido por
el sistema educativo en su conjunto ni tampoco por niveles o modalidades no
reglamentadas. La transformación profunda tiene que producirse esta vez de
abajo hacia arriba, desde una reconversión total de cada uno de los centros
educativos; desde un cambio de actitudes y
de planteamientos por parte de
educadores y desde el empeño responsable de cada uno de los dicentes o alumnos,
es decir, de quienes son los verdaderos "clientes"
del proceso de aprendizaje, de acuerdo con el
lenguaje y la mentalidad imperantes inspirados en los principios de la
economía libre o social de mercado.
La sociedad del siglo
seguramente reafirmará que aprender es la más importante fuente de riqueza y
bienestar, de capacidad de competir y de cooperar en paz. En consecuencia, cada
institución educativa tiene que empezar por aceptar la necesidad de
transformarse en una organización competitiva
para facilitar el aprendizaje personal y
colectivo ante el siglo.
El mayor esfuerzo debe
dedicarse hoy día, por tanto, al diseño de instituciones realmente capaces y
deseosas de evolucionar para adaptar sus medios a las nuevas necesidades
sociales e individuales con vista al futuro, desde la doble exigencia de
establecer unas dimensiones adecuadas o críticas, así como un ámbito
suficientemente polivalente para asegurar una oferta integral.
Tales instituciones, si persiguen con empeño una calidad total,
merecen la máxima autonomía y el mayor apoyo público y privado posible, aunque
siempre dentro de un marco normativo común que asegure la máxima armonía y la
mayor eficacia.




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